0

Existe esta frase del grupo Tiqqun que rinde muy bien a la hora de amarrar la coherencia que existe entre la muestra que Gonzalo Díaz instaló en la Galería D21 y los acontecimientos y efectos de la revuelta de octubre. La frase es: No se hace la limpieza en una casa demolida. Y es que queda de manifiesto, tanto en una como la otra, el vicio de los parches, el cansancio por reformas leves, la desesperación y ansiedad a este respecto, que conlleva la necesidad de desarmar y repensar las estructuras tajantemente.

La fecha de inauguración de Notizen, a días de iniciado el estallido social, es un tremendo acierto casual que, sin embargo, venía gestándose hace ya muchos años a lo largo de la obra de Díaz. En su preocupación por lo constitutivo y los mecanismos de base, vemos que la cuestión de lo estructural es un leitmotiv, tema constante, en su producción. El 2014 ya había señalado él mismo, que su obra Al pie de la letra, instalada en una casa de Ñuñoa, obedecía a una voluntad constituyente, proponiéndonos a partir de esto la latencia de una tarea pendiente. La obra nos percibía ubicados en la cresta de un agotamiento de las herramientas, ante la insuficiencia de un modelo, hallados en la encrucijada de tantear nuevas maneras, de meter mano a pensar las estructuras configuradoras. Así mismo es que se nos presentan las instalaciones de Notizen.

En este sentido hay algo muy interesante ocurriendo entre la medula central y el work in progress. Es dar ocasión a la instancia de fragua de los pilares fundamentales, pensarlos con tentativas.

“Notizen” de Gonzalo Díaz, vista general, fotografía Jorge Brantmayer

1

Para partir por el principio:

Notizen, del alemán: Impresión, Notar, Bosquejo, Anotar. Este término cabecilla de la obra posee un doble potencial simultaneo, el cual consiste en: por un lado, la entrada de lo a medio digerir, y por el otro, la salida de ciertas tentativas. Se concibe de este modo en unidad la acción de percepción-proposición.

2

Así, bajo estos preceptos y con especial énfasis en el procedimiento, en las aproximaciones, es que Díaz se plantea desde su preocupación constitutiva, o bien estructuralista (premisa marxista: el producto es inseparable del proceso), y hace el siguiente paralelo fundamental: constitutividad de los sistemas perceptivos y constitutividad política. Poniendo sobre la palestra el sueño de la coherencia entre ambas.

La propuesta: pensar el problema de la representación transversalmente. Pensar en la representación a nivel tanto político como fenomenológico y a una misma vez.

Una observación, escudriñamiento de la experiencia individual, que dé vía a la gesta de grandes estructuras coherentes a ella. La proporción entre el dedo y la pierna.

Parece atingente, a este respecto, la noción confuciana de que: para gobernar bien a la nación, al pueblo, es necesario, primero, saber gobernar bien a la propia familia; para gobernar bien a la propia familia es necesario saber gobernarse a sí mismo primero y, para saber gobernarse a sí mismo, es necesario escuchar las notas profundas del propio corazón.

3

Algunas nociones sobre el gran problema de la articulación:

Estar entre la cohesión y la individuación. Las partes que logran interactuar armónicamente entre sí, versus la dispersión de restos aislados.

Un punto de partida: Nacer es ser amputado del todo original. Queremos volver por donde vinimos, recuperar psico-socialmente esa armonía de alguna forma.

3.1

Consecuente al asunto de las partes aisladas, hablaremos de un naufragio, aprovechando de colgarnos del naufragio mencionado ilustrativamente en la marina invertida de Madre, esto no es el paraíso, o de las coordenadas de paralelos y latitudes de la piedra flotante en El fin de la historia. Ya sea por una u otra, es la desorientación de no saber de dónde se viene ni a dónde se va.

Antecedentes: La Madre. La Madonna. La chica Klenzo. En los 80 Díaz trabajó con la chica del detergente Klenzo en calidad de Madonna, proveyéndole a Chile una especie de madre postiza, sucedáneo que atiende el hecho de ser un país de identidad perdida en su ni de aquí ni de allá. Naufragio por orfandad.

“Madre, esto no es el Paraíso” de Gonzalo Díaz, fotografía Jorge Brantmayer
“El Fin de la Historia” de Gonzalo Díaz, fotografía Jorge Brantmayer

3.2

De esa unidad total que es la nada de donde se viene, se llega al mundo traumado al caer en cuenta de que hay muchas cosas en vez de una sola. Ahí radica la importancia del montaje, la articulación orgánica de las partes, el impulso de querer juntar. El montaje como gramática o bien sintaxis concatenadora.

Con estos fragmentos soportaré mis ruinas (La tierra baldía, T.S Eliot).

La condición humana: El paraíso perdido y la tierra prometida. Ese esfuerzo por juntar, intentar sostener lo que de por sí tiende a caer en desintegración.

4

Producto vs procedimiento

Cada pieza está compuesta de piezas. Es la reutilización, el parche.

Una propuesta: que las partes dispersas hablen y se espejeen entre sí, de tal modo que no se distinga dónde empieza una y termina la otra. Sistema de ecos entre las piezas individualizadas.

No la obra sino la obranza del hacer-deshacer que privilegia el devenir, el estar siendo en tanto haciendo, por sobre el rígido ser de lo listo e inmodificable.

Diether Roth: La vida es el proceso, la muerte es el producto. Sólo hay vida en los procesos.

El gran proyecto, el gran proceso.

Materialismo y utopía: lo concreto y el infinito. El gran proceso junta la tierra y el cielo.

Definición que da Galeano de la función de la utopía: el horizonte, que avanza cada vez que doy un paso, me hace andar.

5

Realismo impresionista en Notizen

De antemano: téngase al impresionismo como continuador de los valores instaurados por el realismo courbetiano que le precedió. El impresionismo quita rigidez a las figuras y atiende el devenir apelando a la impresión y el boceto como modelos más verosímiles de la experiencia perceptiva. Para conectar, volvamos a la definición de Notizen: Impresión, boceto.

Por otro lado, los impresionistas salían de sus talleres, iban en busca de la realidad allá afuera. En Díaz se puede establecer un paralelo, en cuanto se evidencia una intención de enfrentar a la representación a punta de presentación. Esto es, en vez de ver de lejos por la ventana, ver la cosa en directo. En el trabajo objetual, ahí reside su voluntad realista.

Y volvemos así a la propuesta confuciana de la buena gobernación, que solo ha de ser ejercida tras conseguir la correcta comprensión de la realidad más inmediata (principio que comparte la sospecha marxista hacia toda metafísica).

6

Recordemos la traducción de Novalis de la cuál Díaz hizo uso en el alemán original para su obra Tratado del entendimiento humano:

Buscamos por doquier lo incosificable, y hallamos sólo cosas. (Traducción de Pablo Oyarzún)

Frase la cuál, acusa Díaz, ocuparía como su definición de arte.

Se puede desmenuzar más la frase de Novalis apuntada por Díaz, aplicada a una visión general de sus instalaciones veremos que el contrapunto permanente es: la estructura recta y la luz amorfa. El objeto y el significado. Lo crudo y la esencia. El infierno y el cielo, no como excluyentes sino que conjugados. Lo material y lo inmaterial.

Un ideal y una podredumbre. Así lo vemos en Civitas dei, el listado de la jerarquía angelical puesta en UTI, como ya se ha referido Díaz a otras obras suyas que tienen esa clara dependencia de motor externo para sobrevivir. Mortalidad evitada a la fuerza: el arte como articulador artificial de las cosas, que de ese modo da vía a lo incosificable.

“Civitas Dei” de Gonzalo Díaz, fotografía Jorge Brantmayer

6.1

Otra considerable a la condición naufraga (dispersión social):

Entre más crecen las hipercomunicaciones, más se individualiza el sujeto y menos sale la gente de sus casas: Estado de deriva por encierro. Naufragio sedentario. El mundo visto solo por la ventana. Encriptación de las cosas vueltas espectro.

Y porque la pérdida de presencialidad nos hace tan livianos que nos deshacemos, es que resulta pertinente una estrategia materialista: La objetualidad, a modo de confrontación, ante el deterioro de la atención a lo presente.

6.2

La condición humana de ser animales que se la pasan más rato en el lenguaje que en cualquier otra cosa, habitar a punta de representación, conlleva el paraíso perdido de la pérdida de la presencia propiamente tal.

En Notizen se busca a tientas una definición. A punta de prueba y error persiguiendo aquello que sostiene todo esto. Partiendo de la base de consolidar lenguaje y cosa como una. La máquina metafórica. El materialismo de No ideas sino en las cosas (que enuncia el poeta estadounidense William Carlos Williams) parece ser el conciliador, la vía de recuperación de la presencia perdida.

7

Es claro que los espejismos pueblan nuestra realidad. Una producción de obra suscrita al proyecto realista debe considerar necesariamente la presencia y el rol del artificio ilusorio en el proceso perceptivo. La realidad, despojada del lenguaje tergiversador, nos es ajena y no nos incumbe. En nuestro caso, no podemos trazar una línea que señale: por aquí está lo real y por allá el lenguaje.

7.1

En El mito de la Caverna:

Decir la palabra “Metáfora” deja entrever una sensación de falta de contenido poético, hay una especie de estructura sin aliento. Sin embargo, este término general (la palabra Metáfora) que dice de todo pero nada en particular, adquiere forma de instante único a partir de los reflejos irrepetibles que proyecta la luz. La rigidez resultante de fijar en palabras la experiencia, enfrentada por la idea de que jamás una palabra ha sido dicha igual dos veces en la historia.

La palabra vuelta cosa. La cosa destellando un reflejo inmaterial. No hay un adentro y un afuera de la caverna. La caverna es una botella de Klein. No hay diferencia entre representación y presentación. El mundo es de reflejos.

En cuanto al despliegue de aparatajes técnicos: ver claramente cómo funciona la cosa (el chasis descubierto) no nos genera claridad, sino que persiste lo inentendible, lo ambiguo, el destello (exacto y desmedido) como estructura medular.

8

Realismo socialista

Sigla que por su factura en letras de bronce y en el contexto de las citas de otras obras a órganos de la república, resuena en reemplazo del SPQR del gobierno de la antigua República romana, a esto súmese la mención (en el título) al arte oficial soviético. Hay un gajo de ironía en las diferencias, por ser el movimiento LGBTQIA+ uno de los más comulgados, que tiende, sin embargo, a apelar a la tolerancia de las libertades individuales, no alcanzando la ejecución de un proyecto a nivel constitutivo en un sentido total (de gran relato más que de opciones personales).

“Realismo Socialista” de Gonzalo Díaz, fotografía Jorge Brantmayer

8.1

Realismo v/s Realismo socialista

Como ya hemos visto, por su trabajo objetual, sus nociones impresionistas, Díaz comparte estrechamente las preocupaciones realistas. Es más que socialista, pero por muy realista y muy socialista que sea, jamás suscribiría al realismo socialista, tradición que iba siempre en desmedro de la duda, la curiosidad y la reflexión.

No es que haya problema alguno con el trasfondo o las preocupaciones que tuvo lo que fue el realismo socialista o su versión contemporánea aquí apuntada (repetición de la historia: primero como una gran tragedia, después como farsa). Pero sí ocurre algo y tiene que ver con las preocupaciones que repelían. El programa privilegiaba el buen rendimiento en la transmisión del mensaje conciso, ya sea de lo que se promovía o denunciaba, de modo que las zonas de lo no-definido eran vistas como una tontera poco práctica y hasta desconfiable.

8.2

Aprovechando de que ya está sacado a colación por Díaz en El último cuadro de Malevich, cabe pensar la relación que tuvo este pintor ruso y su proyecto de vanguardia frente al arte oficial soviético. Basta con decir que llegó a caer preso durante dos semanas, aun cuando el proyecto suprematista bien pudiera verse como lo que fue una insignia de la revolución: pensar todo desde el principio, la estructura fundacional, cimentar el nuevo mundo.

Visto en perspectiva el realismo socialista no dejó muchos frutos al arte que le siguió, sí de seguro al cartelismo y los oficios de propaganda. En cambio el devenir del arte ha sabido reconocer la obra de Malevich como un gran hito cuyos ecos aún nos resuenan.

La sigla, de nuevo el código, la encriptación. Funcionar a punta del decir directamente y sin rodeos. Denunciar con nombre y apellido. Las operaciones de Díaz se mantienen humildemente en la zona del no lograr dar cuenta de. Ese admitir una insuficiencia de los recursos, visibilizar el estado descompuesto que padece el discurso, cuestión que es mucho más consecuente a las condiciones de la época. Señalar la desorientación, la falta de claridad, de resolución. Balbucear es algo muy certero cuando se quiere indicar la imposibilidad de articulación.

“El Último Cuadro de Malevich” de Gonzalo Díaz, fotografía Jorge Brantmayer

9

Hay un carácter de estúpido que porta el arte frente a la realidad en llamas. Esta última hace parecer a cualquier obra algo escuálido, insuficiente. La asepsia silenciosa del taller, distante al contacto con el mundo. Y uno que mira por la ventana no pudiéndosela con lo que afuera ocurre. Aquí se tiene la nobleza de admitir esa derrota como punto de partida a la hora de la construcción. El lugar de la imposibilidad y los esfuerzos.