El corpus de conocimiento producido alrededor de las manifestaciones de las artes visuales durante la dictadura cívico-militar chilena (1973-1990) ha estado históricamente concentrado en las prácticas artísticas que resistieron al contexto sociopolítico marcado por el terrorismo de Estado. Dichas prácticas, que en sí mismas problematizaron y denunciaron el clima de violencia y desaparición de esos años, se enfrentaron a la censura de la época a través de la experimentación de materialidades y discursos. En este estado de cosas, es que en el presente texto me permito preguntarme por aquello ocurrido por fuera de esa escena de resistencia, es decir, por aquello que podríamos llamar el campo oficial de las artes visuales durante la dictadura. Ante la vastedad de una pregunta como tal, me remitiré a trazar aquí un recorrido a través de diversas fuentes que participaron de este contexto cultural, narrando cómo en el proceso de ir tras ellas, me encontré con la figura de Sonia Quintana, Ana Helfant y Víctor Carvacho, tres críticos de arte con una prolífica producción en medios de circulación nacional a fines de los 70 y principios de los 80, y que se mostraron abiertamente como simpatizantes de la dictadura.  

Sonia Quintana
Ana Helfant
Víctor Carvacho

En este recorrido, vale hacer algunas precisiones respecto a la gran pregunta por una escena oficial del arte durante la dictadura. Esta última, dentro de su aparato administrativo, nunca realizó un plan ni programa de lo que hoy entenderíamos como política cultural. No obstante, existe un documento publicado en 1975 llamado justamente “Política Cultural del Gobierno de Chile”, éste no fue más que una declaración de principios ideológicos respecto a la cultura y no una política organizada a través de ejes administrativos definidos. Sin embargo, ante este panorama descentrado, los trabajos de investigadores como Karen Donoso, Isabel Jara, Gonzalo Leiva y Luis Hernán Errázuriz nos permiten acceder a un panorama reconstruido de la administración cultural durante la dictadura militar, generado a posteriori a través del ejercicio histórico de recolección de fuentes e iniciativas dispersas[2]. En este mismo sentido, la investigación que realicé en 2014 junto a Katherine Ávalos, que dio por resultado el ensayo “Reconstruir e itinerar. Hacia una escena institucional del arte en dictadura militar”[3] se inscribe como un primer acercamiento a la especificidad de las artes visuales oficiales vistas desde este punto de vista particular. El concepto de “escena institucional” lo elaboramos luego de rastrear una serie de iniciativas dispersas y no programáticas, pero que sí demostraban que ciertas voluntades encausadas a través de instituciones gubernamentales habían tenido iniciativas puestas en circulación en publicaciones y exposiciones relativas al mundo de las artes visuales. En resumen, definimos este concepto como “una variedad de imaginarios desde el paisaje nacional, pasando por la pintura histórica, la representación de batallas y héroes militares, hasta llegar a la exaltación de la subjetividad individual del artista”[4]. Más adelante, veremos cómo esta definición contrasta y se refleja con la escritura de los críticos de Helfant, Carvacho y Quintana.

Publicaciones del Departamento de Extensión Cultural

La fuente que nos llevó a realizar dicha investigación fue nuestro encuentro fortuito con publicaciones del Departamento de Extensión Cultural (algo así como un proto-Ministerio de Cultura durante el período), que desde 1978 difundían el relato de la historia del arte universal y chileno, en un formato breve y portable, caracterizado por una escritura que trataba de dejar lo académico para ser leída por un público más amplio [5]. Además de estas publicaciones, comenzamos a rastrear otras ediciones del Departamento de Extensión Cultural, donde además de destacar los nombres de Víctor Carvacho y Ana Helfant. Sonia Quintana aparecía cumpliendo la importante función de evaluar el panorama de las artes visuales en la publicación 6 años de actividad cultural en Chile, también editada por el Departamento de Extensión Cultural[6]. Es así como emergieron estas tres figuras que, al rastrearlas en la prensa de la época, me permitieron reconstruir parte de lo que sería la crítica de arte de esta “escena institucional” durante la dictadura militar.

Con más de 300 críticas de arte escritas entre 1977 y 1982[7], Helfant, Carvacho y Quintana escribieron para La Nación, El Mercurio, El Mercurio de Valparaíso, La Tercera de la Hora y El Cronista; y para revistas como Selecta y Ercilla. Además, cumplieron importantes funciones en el aparato administrativo: Ana Helfant como funcionaria del Ministerio de Relaciones Exteriores durante 1980 y responsable del envío de obras para la exposición de Juan Egenau en la sede de la OEA en Washington[8]; y Sonia Quintana como Jefa del Área de Cultura del Ministerio de Educación durante 1979[9].

En el ejercicio de esta visión de conjunto respecto a estos artículos, pude elucubrar ciertas conexiones que me permitieron tejer una red entre ellos, identificando un lugar de enunciación común más allá de su apoyo al régimen dictatorial, caracterizado por una escritura conservadora, profundamente formalista, que aborda a las artes visuales como una disciplina que aspira a una “correcta” realización, entendiéndola dentro de los cánones dados por los aspectos formales especialmente de la pintura –la disciplina por excelencia–, en donde el artista plasmará su interioridad, dejando fuera cualquier tipo de relación con el contexto social y político en que se inscribe su producción. Por otro lado, paradójicamente la escritura de estos críticos destacó propuestas de artistas como Eugenio Dittborn[10] y Juan Downey[11] al hacerlos entrar en el relato evolutivo de una historia del arte chileno que aspiraba a modernizarse en sus materialidades y con ello, internacionalizarse (más allá de los evidentes antagonismos políticos).

Dentro de este marco común, son especialmente relevantes las alusiones al contexto cultural durante la Unidad Popular. Por ejemplo, cuando Víctor Carvacho se refiere al lanzamiento del catálogo del Museo Nacional de Bellas Artes a cargo de la empresa ESSO, no desaprovecha la oportunidad de referirse al período anterior a la dictadura militar, diciendo: “Nena Ossa, directora actual, recibe una institución en marcha que convalece magníficamente siguiendo la política de restauración de todos los valores que anima en este momento al país”[12]. El uso del concepto de “restauración” no es en ningún caso azaroso. La misma dictadura en sucesivos documentos (como por ejemplo la misma “Política cultural” de 1975) se refiere extensamente al inicio de la “Reconstrucción Nacional” luego del 11 de septiembre de 1973, dejando así en claro la lógica del restablecimiento de diferentes aspectos culturales, políticos y sociales de la sociedad chilena, que habrían quedado en ruinas luego de la Unidad Popular. En el caso específico de esta cita de Carvacho, queda demostrado que el Museo es sólo otro espacio más en el que opera la lógica de recuperación [13].

Otra de las constantes de la escritura de estos críticos es su alusión a la entrada de la empresa privada en el ámbito de la cultura y las artes visuales en específico. En este sentido, es relevante el entusiasmo con que Sonia Quintana dedica constantemente artículos a este fenómeno, considerándolo siempre como positivo, y como una iniciativa a la que “muchas otras empresas”[14] deberían sumarse. El rol de la empresa privada en instituciones e iniciativas artísticas durante el período es fundamental para comprender los impactos que el concepto de Estado Subsidiario –presente en la Constitución Política de 1980– tuvo y sigue teniendo en el campo cultural (y en muchas otras esferas político-administrativas). Esta concepción del Estado lo define como secundario en cuanto a su función administrativa, es decir, siempre que los privados puedan solventar los servicios requeridos, el Estado debe echar pie atrás y permitir que la empresa privada se haga cargo[15].

Quizás uno de los aspectos más interesantes y disruptivos de la escritura de Helfant, Carvacho y Quintana, son sus constantes alusiones a la neo-vanguardia artística del período. Si bien el grueso de su discurso porta constantes conservadurismos y visiones sesgadas, existen aperturas inesperadas que permiten difuminar el binarismo entre escena oficial y no-oficial. Efectivamente esta escritura produjo reflexiones (tanto positivas como negativas) respecto a este tipo de prácticas, las que muchas veces distaban de las nociones formalistas y conservadoras de aquello que estos críticos consideraban como “arte”. Además de las alusiones a Eugenio Dittborn y Juan Downey antes mencionadas, los críticos se refirieron a Carlos Leppe [16], Catalina Parra [17], Wolf Vostell [18], Gonzalo Díaz [19], el “Grupo Práctica”[20] (Carlos Altamirano [21] y Carlos Leppe) y Elías Adasme [22], por nombrar a algunos. Si bien los juicios negativos son más comunes que los positivos, estos últimos se encuentran siempre enmarcados en la lógica evolutiva de la historia del arte chileno, en donde estos artistas, a través de la experimentación material “ponían al día” al arte chileno en el contexto de las tendencias internacionales.

Helfant, A. “Bienal de Sao Paulo. Victoria de la magia”. 1979. El Mercurio, Suplemento literario, artístico y científico, Santiago, Chile, 2 dic.

Este tipo de contradicciones, aperturas y paradojas presentes en este corpus de artículos no hace más que demostrar que esta escena institucional estaría atravesada por discontinuidades y constantes negociaciones de las que queda más por indagar. Además, desmonta el mito binarista que define a las escenas artísticas durante la dictadura militar como completamente exógenas unas de otras.

En suma, y a través de este breve recorrido por algunas características de la escritura de estos tres críticos de arte, es que podemos delinear cierto discurso común respecto a las artes visuales del período dentro del marco de una posible “escena institucional”. Si bien considero relevante la presencia de estos tres críticos, no son más que el resultado de una búsqueda preliminar dada por el recorrido de las fuentes antes mencionadas, y que permiten una primera aproximación de este enfoque de estudio. En búsquedas posteriores, la pregunta queda abierta hacia otros temas, geografías, iniciativas o empresas escriturales que aquí han quedado fuera, pero que perfectamente podrían participar de esta escena oficial.

La importancia de indagar en dispositivos escriturales como estos permite reconstruir un espacio poco analizado y que no deja de reverberar en el presente, permitiendo vislumbrar las alusiones y enfoques que siguen resonando en muchos discursos contemporáneos respecto a las artes visuales. Estos discursos se re-actualizan constantemente, se toman otras voces y espacios, y en ocasiones hasta parecen frescos y profundamente nuevos, pero basta afinar su lectura para distinguir grietas por las que se cuela el pasado. En estas consideraciones la crítica de arte como espacio discursivo juega un papel fundamental. Más allá de un acompañamiento ingenuo y secundario, podemos acceder al coeficiente político-narrativo que su presencia porta, implicando una didáctica que se empleó para construir un relato del arte chileno que, en este caso particular, nos permite asediar la escena institucional del arte durante la dictadura militar chilena.


[1] Este texto se desprende de la investigación realizada para mi tesis de magíster, titulada “Aproximaciones sobre la crítica de arte de la escena artística institucional en la dictadura militar chilena: 1977-1982”. Tesis para optar al Grado de Magíster en Artes con mención en Teoría e Historia del Arte, Universidad de Chile, 2018.
[2] Jara Hinojosa, I. (2020). ¿Cómo pensar la acción artístico-cultural de la dictadura chilena? Siete cuestiones para su interpretación. Latin American Research Review, 55(2), 338–351. https://doi.org/10.25222/larr.436 ; Donoso Fritz, K. (2019). Cultura y dictadura: Censuras, proyectos e institucionalidad cultural en Chile, 1973-1989 (Primera edición.). Ediciones Universidad Alberto Hurtado; Errázuriz, L. H. (2012). El golpe estético: Dictadura militar en Chile, 1973-1989 (1a edición.). Ocho Libros.
[3] Publicado como parte del tercer volumen de la edición que compiló el Concurso de Ensayos sobre Artes Visuales del Centro de Documentación del Centro Cultural La Moneda.
[4] Ávalos, K. y Quezada, L. 2014. Reconstruir e itinerar. Hacia una escena institucional del arte en dictadura militar. En: VV.AA. Ensayos sobre artes visuales. Prácticas y discursos sobre los años 70 y 80 en Chile. Volumen III. Santiago, Lom y Centro de Documentación de las Artes Visuales del Cultural La Moneda, p. 17.
[5] Dentro de la serie del Patrimonio Cultural Chileno, están González Echenique, J. (1978). Arte colonial en Chile. Ministerio de Educación, Departamento de Extensión Cultural; Helfant, A. (1978). Los pintores de medio siglo en Chile. Ministerio de Educación, Departamento de Extensión Cultural; Carvacho Herrera, V. (1978). Veinte pintores contemporáneos de Chile. Ministerio de Educación, Departamento de Extensión Cultural y Solanich, E. (1978). Precursores de la pintura chilena. Ministerio de Educación, Departamento de Extensión Cultural. Como parte de las exposiciones itinerantes de pintura chilena realizadas en 1977 y 1978, financiadas y organizadas por el Departamento de Extensión Cultural, se cuentan dos publicaciones: Helfant, A. (1978). Pintura chilena contemporánea: Segunda Exposición Itinerante Norte, catálogo. Ministerio de Educación, Departamento de Extensión Cultural y Carvacho Herrera, V. (1978). Pintura chilena contemporánea: Segunda Exposición Itinerante Sur, catálogo. Ministerio de Educación, Departamento de Extensión Cultural.
[6] Quintana, S. [et al.] 6 Años de actividad cultural en Chile. Ministerio de Educación, Departamento de Extensión Cultural. Santiago: Editora Nacional Gabriela Mistral, 1978.
[7] La elección de estos años como arco temporal está dada por la creación del Departamento de Extensión Cultural –quizás el órgano cultural más relevante durante la dictadura– y la publicación de la serie Patrimonio Cultural Chileno por parte de este organismo. El cierre comprende a 1982 como el año del comienzo del fin del “éxito económico” pregonado por la dictadura, marcado por las primeras protestas masivas debido a la crisis económica y política y a la sistemática violación a los derechos humanos. Para más datos al respecto, véase Rivera, A. 1983. Transformaciones culturales y movimiento artístico en el orden autoritario. Chile 1973-1982, Santiago, CENECA, pp. 134-135. 
[8] Helfant. A. “Juan Egenau exhibe en Washington”. 1980. La Nación, Santiago, Chile, 17 oct., p. B-6. 
[9] C.R.I. “Escritores de Ñuble”. 1997. La Discusión, Chillán, Chile, 13 abr., p. 2. 
[10] Es el caso del artículo escrito por Ana Helfant titulado “Retorno del neo-humanismo”. 1977. El Cronista, El Cronista Dominical, Santiago, Chile, 25 dic., p. 7.
[11] Quintana, S. “Juan Downey”. 1980. El Mercurio, Suplemento literario, artístico y científico, Santiago, Chile, 17 feb., E-5. Este artículo no fue el único de Quintana dedicado al artista. Semanas más tarde publicará la entrevista “Juan Downey: artista chileno en el campo del videoarte”. 1981. El Mercurio, Artes y Letras, Santiago, Chile, 08 febr., E-4.  
[12] CARVACHO, V. 1978. “Museo que evoluciona”. Revista Ercilla, 3-9 mayo: 46. 
[13] En este mismo enfoque, destaca el artículo de Ana Helfant titulado “Arte comprometido y apagón cultural”. 1980. La Nación, Santiago, Chile, 10 sep., B-8.
[14] Quintana, A. “Museo de Bellas Artes tiene nuevo catálogo”. 1978. El Mercurio, Suplemento literario, artístico y científico, Santiago, Chile, 28 mayo, V. 
[15] Para un análisis más detallado y contingente respecto al concepto de Estado Subsidiario, véase Pizarro Hofer, R., & Pizarro Hofer, R. (2020). Chile: Rebelión contra el Estado subsidiario. El trimestre económico, 87(346), 333–365. https://doi.org/10.20430/ete.v87i346.1055
[16] Helfant, A. “Retorno del neo-humanismo”. 1977. El Cronista, El Cronista Dominical, Santiago, Chile, 25 dic., p. 7. 
[17] Helfant, A. “La nueva sensibilidad estética”. 1977. El Cronista, El Cronista Dominical, Santiago, Chile, 04 dic., p. 7; Carvacho, V. “III Bienal Internacional de Arte”. 1977. El Mercurio de Valparaíso, Revista Cultural, Chile, 30 oct., p. A. 
[18] Quintana, S. “El sentido del arte cambió con el video”. 1980. El Mercurio, Suplemento literario, artístico y científico, Santiago, Chile, 10 feb., E-5; Helfant, A. “Las sardinas de Vostell”. 1977. El Cronista, El Cronista Dominical, Santiago, Chile, 9 oct., 7. 
[19] Quintana, S. “Jornada porteña: Las artes visuales en nuestro tiempo”. 1982. El Mercurio, Artes y Letras, Santiago, Chile, 5 sept., E-4; Carvacho, V. “Sexto Concurso de la Colocadora”. 1980. La Nación, Santiago, Chile, 7 nov., B-6, B-7; Carvacho, V. “Grabados de Femenías”. 1981. El Mercurio, Artes y Letras, Santiago, Chile, 17 dom., E-11; Helfant, A. “Bienal de Sao Paulo. Victoria de la magia”. 1979. El Mercurio, Suplemento literario, artístico y científico, Santiago, Chile, 2 dic., E-1. Este último artículo refiere a Díaz como parte del envío oficial de Chile a dicha Bienal.
[20] Quintana, S. “La gráfica señala los nuevos rumbos del arte”. 1978. El Mercurio, Suplemento literario, artístico y científico, Santiago, Chile, 24 sept., E-V. 
[21] Helfant, A. “Grabados de Carlos Altamirano”. 1977. El Cronista, El Cronista Dominical, Santiago, Chile, 27 nov., 5. 
[22] Carvacho, V. “El juego en el museo”. 1981. El Mercurio, Artes y Letras, Santiago, Chile, 29 nov., E-5. 


Bibliografía

  • Ávalos, K., & Quezada, L. (2014). Reconstruir e itinerar. Hacia una escena institucional del arte en dictadura militar. En Ensayos sobre artes visuales: Prácticas y discursos de los años ’70 y ’80 en Chile. LOM y Centro de Documentación de las Artes Visuales del Centro Cultural La Moneda.
  • Carvacho Herrera, V. autor. (1978a). Pintura chilena contemporánea: Segunda Exposición Itinerante Sur catálogo. Ministerio de Educación, Departamento de Extensión Cultural.
  • Carvacho Herrera, V. (1978b). Veinte pintores contemporáneos de Chile. Ministerio de Educación, Departamento de Extensión Cultural.
  • Chile Secretaría General de Gobierno Departamento Cultural. (1975). Política cultural del gobierno de Chile. La Asesoría.
  • Donoso Fritz, K. (2019). Cultura y dictadura: Censuras, proyectos e institucionalidad cultural en Chile, 1973-1989 (Primera edición.). Ediciones Universidad Alberto Hurtado.
  • Errázuriz, L. H. (2012). El golpe estético: Dictadura militar en Chile, 1973-1989 (1a edición.). Ocho Libros.
  • González Echenique, J. (1978). Arte colonial en Chile. Ministerio de Educación, Departamento de Extensión Cultural.
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  • Solanich, E. (1978). Precursores de la pintura chilena. Ministerio de Educación, Departamento de Extensión Cultural.
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Lucy Quezada Yáñez (Talagante, 1990). Investigadora en artes, Licenciada y Magíster en Teoría e Historia del Arte en la Universidad de Chile. Actualmente es estudiante de Doctorado en Historia del Arte en la Universidad de Texas en Austin (Becaria Fulbright-ANID). Ha publicado en diversos libros, revistas y catálogos sobre arte chileno, y ha participado en encuentros sobre historia del arte en Chile, Venezuela, Argentina, México y Perú. Es miembro del colectivo artístico Charco, con quienes ha participado en exhibiciones, residencias y proyectos comunitario-territoriales. Su más reciente publicación es “Mario Pedrosa y el CISAC: Configuraciones afectivas, artísticas y políticas”, editada por Metales Pesados en 2019 y escrita en co-autoría con los investigadores Claudia Cofré y Francisco González.